Tengo un preso que sacar. Sí, un preso. Hace una semana que está en un hospital de zona sur, con heridas en la pierna, y atado a la cama con custodia policial. Es bastante jóven: recién está saliendo de la adolescencia.
Él jura y perjura que es inocente. No le creo. No puedo creerle después de leer la causa penal. Pero el hecho es que es mi cliente; y tengo que sacarlo, aunque tenga que relatar inventos marca cañón y buscar testigos falsos.
La verdad es que es parte de una banda de delincuentes que intentaron robar a mano armada a un tipo en la puerta de su casa, que le dispararon sin piedad y que huyeron con el motín, saliéndose con la suya. Y cuando me acuerdo de eso entro en cólera y tengo ganas de que pase toda su juventud ahí adentro, y que sufra y la pase muy mal. Pero después pienso que si no lo saco en estos días yo voy a ser el próximo blanco, porque no me olvido que los amigos están afuera.
Entonces mejor lo saco y gano doble: cobramos los honorarios y nos hacemos acreedores de un favor. Uno nunca sabe cuándo puede necesitar una mano con temas pesados.
Él jura y perjura que es inocente. No le creo. No puedo creerle después de leer la causa penal. Pero el hecho es que es mi cliente; y tengo que sacarlo, aunque tenga que relatar inventos marca cañón y buscar testigos falsos.
La verdad es que es parte de una banda de delincuentes que intentaron robar a mano armada a un tipo en la puerta de su casa, que le dispararon sin piedad y que huyeron con el motín, saliéndose con la suya. Y cuando me acuerdo de eso entro en cólera y tengo ganas de que pase toda su juventud ahí adentro, y que sufra y la pase muy mal. Pero después pienso que si no lo saco en estos días yo voy a ser el próximo blanco, porque no me olvido que los amigos están afuera.
Entonces mejor lo saco y gano doble: cobramos los honorarios y nos hacemos acreedores de un favor. Uno nunca sabe cuándo puede necesitar una mano con temas pesados.
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